miércoles, 14 de julio de 2021

POR FE Y NO POR OBRAS TENDREMOS SALVACIÓN


 



Por tanto bebitos y adultos, hombres y mujeres, tú  y yo, María y todo santo famoso, aun el Papa, todos son pecaminosos por naturaleza. (Luc. 1:48, Rom. 7:15-24a) Toda la gente de todos los tiempos son pecadores desde el nacimiento. Aunque el pecado original es suficiente razón para ser sentenciado por Dios al castigo eterno, también produce pecados actuales como malos pensamientos, palabras y obras en nuestras vidas. “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.” (1 Juan 1:8)  Todas las personas son personas bajo la ira de Dios (Efe. 2:3) La justicia, la santidad y la verdad de Dios no pueden permitirlo pasar por alto los pecados de la humanidad o tratarlos como si no hubieran pecado.” (Rev. Erwin Ekhoff, Lutheran Synod Quarterly. Marzo 1995, Vol. 35, No. 1, p. 38) La barrera entre la humanidad y Dios no se puede quitar sin limpiar de todo pecado. El hombre contaminado con el pecado no puede entrar en el reino del cielo, y tendría que ser castigado en el infierno para siempre. Pero “ningún hombre es justificado por las obras de la ley.” (Gál. 2:16; 3:11) Por tanto Dios ha mostrado a la humanidad su justicia. Viene sin la ley pero solamente creyendo en Jesucristo. (Rom. 3:21,22) Todos tienen que recibir esta justicia para ser salvos. Todos son objetos de la justificación de Dios. Dios, por medio de Pablo, claramente dice: “quiere que todos los hombres sean salvos.” (1 Tim. 2:4; Rom. 5:18,19).