sábado, 3 de octubre de 2026
miércoles, 24 de junio de 2026
AQUÍ TIENES A LOS 26 CANDIDATOS QUE ASPIRAN A CONVERTIRSE EN EL PRÓXIMO ALCALDE DE LIMA OCTUBRE 2026
26 ASPIRANTES, UNA SOLA ALCALDÍA
Y UNA CIUDAD EXPECTANTE ANTE LO QUE DEPARARÁ OCTUBRE DE 2026
Estamos en la recta final hacia las
elecciones municipales de octubre de 2026, y Lima se ha convertido en el centro
de una competencia política sin igual: 26 candidatos están en la carrera por el
sillón municipal de la capital. La variedad de rostros y partidos que se presentan
refleja la fragmentación del panorama político limeño, donde coexisten
propuestas de izquierda, derecha y movimientos vecinales que intentan hacerse
un espacio en medio de la creciente desconfianza de la ciudadanía hacia las
grandes organizaciones.
La imagen que se ha difundido, con
los retratos de cada postulante y sus símbolos partidarios, sirve como un
recordatorio visual de la magnitud del desafío: convencer a más de 7 millones
de electores en una ciudad marcada por la desigualdad, el tráfico, la
inseguridad y la crisis de servicios básicos. La gran cantidad de opciones
sugiere que la campaña será intensa, donde la mayoría simple de votos válidos
decidirá quién será el próximo alcalde, sin necesidad de una segunda vuelta.
En este escenario, la ciudadanía se
enfrenta al reto de distinguir entre discursos de renovación, promesas de
gestión eficiente y las viejas prácticas políticas. La elección en Lima no solo
definirá el futuro de la capital, sino que también tendrá un impacto directo en
el equilibrio político a nivel nacional.
miércoles, 17 de enero de 2024
RANKING DE DESAPROBACIÓN EN DISTRITOS DE LIMA NORTE DICIEMBRE 2024
a.
Alcalde
de Comas, Ulises Villegas, con 61% de desaprobación.
b.
Alcalde
de Ancón, Samuel daza, con 58% de desaprobación.
c.
Alcalde
San Martin de Porres, Hernán Sifuentes, con 52% de desaprobación.
d.
Alcalde
de Los Olivos, Felipe Castillo, con 48% de desaprobación.
e.
Alcalde
de Independencia, Alfredo Reynaga, con 46% de desaprobación.
f.
Alcalde
de Puente de Piedra, Renán Espinoza, con 44% de desaprobación.
g.
Alcalde
de Santa Rosa, George Robles, con 33% de desaprobación.
h.
Alcalde
de Carabayllo, Pablo Mendoza, con 15% de desaprobación.
FUENTE: PORTAL LIMA GRIS / POLÍTICA /
PUBLICADA HACE 2 semanas 05/01/2024
RANKING DE DESAPROBACIÓN EN DISTRITOS DE LIMA CENTRO, DICIEMBRE 2023
1)
Alcaldesa
de Surquillo, Cintia Loayza, con 72% de desaprobación.
2)
Alcalde
de La Victoria, Rubén Cano, con 62% de desaprobación.
3)
Alcalde
de Jesús María, Jesús Gálvez, con 56% de desaprobación.
4)
Alcalde
del Rímac, Néstor de la Rosa, con 53% de desaprobación.
5)
Alcaldesa
de Pueblo Libre, Mónica Tello, con 51% de desaprobación.
6)
Alcalde
de Lima, Rafael López Aliaga, con 47% de desaprobación.
7)
Alcalde
de Miraflores, Carlos Canales, con 45% de desaprobación.
8)
Alcaldesa
de Lince, Malca Schnaiderman, con 43% de desaprobación.
9)
Alcaldesa
de Barranco, Jessica Vargas, con 38% de desaprobación.
10) Alcalde de San Borja, Marco Álvarez,
con 38% de desaprobación.
11) Alcalde de Breña, Luis de la Matta,
con 35% de desaprobación.
12) Alcaldesa de San Isidro, Nancy
Vizurraga, con 31% de desaprobación.
13) Alcalde de Surco, Carlos Bruce, con
23% de desaprobación.
14) Alcalde de Magdalena, Francis
Allison, con 7% de desaprobación.
15) Alcalde de San Miguel, Eduardo Bless,
con 6% de desaprobación.
FUENTE: PORTAL LIMA GRIS / POLÍTICA /
PUBLICADA HACE 2 semanas 05/01/2024
RANKING DE LOS PEORES ALCALDES DE LIMA Y CALLAO, DICIEMBRE 2023
Alcaldesa de Surquillo, Cintia Loayza lidera el ranking de peores alcaldes.
- Alcaldesa de Surquillo, Cintia Loayza, con 72% de desaprobación.
- Alcalde de Chaclacayo, Sergio Baigorria, con 65% de desaprobación.
- Alcalde de Lurigancho, Oswaldo Vargas, con 65% de desaprobación.
- Alcalde de La Victoria, Rubén Cano, con 62% de desaprobación.
- Alcalde de Comas, Ulises Villegas, con 61% de desaprobación.
- Alcaldesa de San Juan de Miraflores, Delia Castro, con 61% de desaprobación.
- Alcalde de Pachacamac, Enrique Cabrera, con 60% de desaprobación.
- Alcalde de Ancón, Samuel Daza, con 58% de desaprobación.
- Alcalde de SJL, Jesús Maldonado, con 58% de desaprobación.
- Alcalde de Jesús María, Jesús Gálvez, con 56% de desaprobación.
FUENTE: PORTAL LIMA GRIS / POLÍTICA /
PUBLICADA HACE 2 semanas 05/01/2024
ENCUESTA REVELA A LOS PEORES ALCALDES DE LIMA Y CALLAO
Los burgomaestres más desaprobados
por sus vecinos: según IDICE del Perú.
1. Cintia Loayza de Surquillo 72%.
2. Sergio Baigorria de Chaclacayo 65%.
3. Oswaldo Vargas de SJL.
4. Rubén Cano de la Victoria.
5. Ulises Villegas de Comas.
Han pasado 12 meses de gestión
municipal y existen diversas opiniones respecto a la eficacia y transparencia
en las administraciones ediles de Lima y Callao. En esa línea, Idice del Perú,
realizó un estudio en diciembre de 2023 para La Razón, y evaluó 48 distritos y
2 provincias.
En tanto, los resultados no fueron
muy alentadores, porque casi el 70% de los distritos arrojaron una
desaprobación que no baja del 40% y que sigue en ascenso.
No Cabe duda, que los vecinos
entrevistados para este muestreo han mostrado su descontento frente a
administraciones municipales que han venido evidenciado su incapacidad de
gestión, falta de ejecución presupuestal y en especial, conductas asociadas a
corrupción, para favorecer a “pequeñas elites”, que generalmente son allegadas
a los burgomaestres de turno.
Atrás quedó la etapa de las promesas
electorales ofrecidas por doquier durante la campaña 2022, con el único
propósito de obtener, a como dé lugar, votos para ganar.
Incluso, se ofrecieron dádivas de
toda índole, desde lapiceros, hasta víveres. Pese a que la ley lo prohíbe,
muchos candidatos empezaron a regalar de todo; sin embargo, actualmente, ya no
se acuerdan de lo que prometieron y peor aún, algunos de ellos, ya no reciben a
los vecinos para escuchar sus demandas.
Actualmente, la decepción es
colectiva, porque, además, de existir una inseguridad cada vez más creciente en
los diferentes distritos, tampoco se están resolviendo los proyectos de
servicios básicos, el recojo de basura y el remozamiento de las arterias
urbanas, para mejorar el ornato, que representa la verdadera imagen de un
distrito.
FUENTE: PORTAL LIMA GRIS / POLÍTICA /
PUBLICADA HACE 2 semanas 05/01/2024
lunes, 7 de noviembre de 2022
CRISTIANOS EN LA POLÍTICA
jueves, 4 de noviembre de 2021
ÉXODO 6:2-8 - DIOS TAMBIÉN HA SIDO FIEL EN CUANTO A NOSOTROS
Éxodo 6:2-8
Texto: 2* —Además, Dios dijo a
Moisés—: Yo soy Jehovah. 3* Yo me aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como
Dios Todopoderoso; pero con mi nombre Jehovah no me di a conocer a ellos. 4* Yo
también establecí mi pacto con ellos, prometiendo darles la tierra de Canaán,
la tierra en la cual peregrinaron y habitaron como forasteros. 5* Asimismo, yo
he escuchado el gemido de los hijos de Israel, a quienes los egipcios
esclavizan, y me he acordado de mi pacto. 6 Por tanto, di a los hijos de
Israel: "Yo soy Jehovah. Yo os libraré de las cargas de Egipto y os
libertaré de su esclavitud. Os redimiré con brazo extendido y con grandes actos
justicieros. 7 Os tomaré como pueblo mío, y yo seré vuestro Dios. Vosotros
sabréis que yo soy Jehovah vuestro Dios, que os libra de las cargas de Egipto.
8 Yo os llevaré a la tierra por la cual alcé mi mano jurando que la daría a
Abraham, a Isaac y a Jacob. Yo os la daré en posesión. Yo Jehovah. "
¿Qué nos pasa tan frecuentemente
cuando las cosas empiezan a ir mal, al menos según nuestro parecer? ¿Nos
desesperamos? ¿Comenzamos a murmurar contra Dios? ¿Pensamos que todo esto de un
Dios de amor y de que somos los hijos amados de Dios son solamente tanta
palabrería, sin ninguna realidad para respaldarla? Cuando esto nos pasa,
debemos saber que no estamos solos, ni somos los primeros de ser atacados con
esta clase de dudas en tiempos difíciles. No debe suceder, eso sí. Pero ha
sucedido en el pasado, cosa de que hay abundantes ejemplos en la Biblia, y no
sorprende que suceda lo mismo con nosotros.
Sin embargo, debemos saber que no es
necesaria esa desesperación y duda. La Escritura también demuestra claramente
que aun en los días que parezcan más negros y desesperantes, Dios no ha
abandonado a su pueblo, y sus promesas permanecen firmes. En nuestro texto de
hoy, Dios promete esto con las palabras más enfáticas. Pone en juego su mismo
nombre y todo su ser, para que su pueblo pruebe si no es cierto que él cumple
sus promesas. Hoy queremos meditar en el tema: Nuestro Dios fiel no nos
abandona.
Los Hijos de Israel habían estado ya
por unos 400 años en Egipto. Desde hacía tiempo habían sido afligidos y
esclavizados por los faraones. Hubo inclusive el intento de genocidio al mandar
que todo hijo varón fuera ahogado en el río tan pronto que naciera. En su
aflicción clamaron a Dios, y Dios les envió a Moisés. Pero cuando Moisés pidió
liberación para el pueblo de Dios, en vez de mejorar su condición, se hizo
peor. Duros capataces les azotaron y les exigieron lo imposible. Lejos de ver a
Moisés como un libertador, entonces, el pueblo se murmuró contra él. “Cuando
ellos salían del palacio del faraón, se encontraron con Moisés y Aarón, que
estaban esperándolos, y les dijeron: — Jehovah os mire y os juzgue, pues nos
habéis hecho odiosos ante los ojos del faraón y los de sus servidores, poniendo
en sus manos la
espada para que nos maten.” Moisés mismo se desanimó; dudó de su misión.
“Entonces Moisés se volvió a Jehovah y le dijo: — Señor, ¿por qué maltratas a
este pueblo? ¿Para qué me enviaste? Porque desde que fui al faraón para
hablarle en tu nombre, él ha maltratado a este pueblo, y tú no has librado a tu
pueblo.” Nuestro texto es una parte de la respuesta de Dios a la aflicción de
su pueblo y la duda e inquietud de Moisés. Le recuerda en primer lugar que Dios
es Jehová. “Además, Dios dijo a Moisés—: Yo soy Jehovah.” Israel aprendería
ahora lo que realmente significa este nombre. Sigue diciendo: “Yo me aparecí a
Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Todopoderoso; pero con mi nombre Jehovah
no me di a conocer a ellos.” Esto claramente no significa que Abraham y los
patriarcas no conocían el nombre Jehová como una palabra. El libro de Génesis
está lleno de referencias de apariencias de Jehová a Abraham y los demás.
Abraham edificó altares a Jehová, e invocó, o mejor traducido, proclamó el
nombre de Jehová. Sin embargo, lo que dice este versículo es cierto. Las
revelaciones de Dios a los patriarcas enfatizaron su poder para preservarlos en
peligro, como Jacob en su viaje experimentó cuando Esaú buscaba matarlo, o en
el nacimiento milagroso de Isaac. Dios también se había revelado como el Dios
que hace grandes promesas. Pero no se había revelado todavía completamente en
su carácter como Jehová. Tenemos que considerar que los nombres de Dios no son
solamente sonidos sin significado, sino realmente revelan a Dios. Y lo que
indica el nombre de Jehová es que es absoluta e infaliblemente fiel en cumplir
sus promesas. Dio las promesas a Abraham, promesas como estas (Gén. 15:18):
“Aquel día Jehovah hizo un pacto con Abram diciendo: —A tus descendientes daré
esta tierra, desde el arroyo de Egipto hasta el gran río, el río Eufrates.”
Pero tanto Abraham como Isaac y Jacob vivían como extranjeros en esa tierra. Y
después siguieron 400 años en Egipto. ¿Qué pasaba con esa promesa solemne de
Dios? ¿Era realmente Jehová, el Dios eternamente fiel?
Nosotros también fácilmente nos
desalentamos. Oímos las promesas de la Palabra de Dios que nos aseguran que
somos los hijos amados de Dios, que Dios está a nuestro lado, que Dios contesta
nuestras oraciones. Pero llega una enfermedad dolorosa y crónica, o sucede
alguna tragedia en la familia, o perdemos el trabajo, y nos preguntamos si es
posible que Dios nos ame y al mismo tiempo nos trate así. Oímos la invitación a
orar y la promesa de que seremos escuchados, y en nuestra necesidad clamamos a
Dios - y parece que no sucede nada. Y comenzamos a pensar que tal vez todo fue
solamente una ilusión. Esto es lo que había pasado con los Hijos de Israel, y
es lo que aún nos pasa a menudo. ¿Qué diremos frente a todo esto? Lo que más
conviene es sencillamente dejar otra vez que Dios hable.
Cuando Moisés y los Hijos de Israel
se llenaron de dudas y desesperación, el Señor respondió repitiendo sus grandes
promesas. “Yo también establecí mi pacto con ellos, prometiendo darles la
tierra de Canaán, la tierra en la cual peregrinaron y habitaron como
forasteros.” Les recuerda un pacto, un pacto que Dios mismo ha hecho con sus
antepasados. No era un pacto común, que obligaba a las dos partes a cumplir
ciertas obligaciones uno con el otro. El pacto que Dios estableció con Abraham
y que nunca cansaba de repetir a sus descendientes era un pacto de pura gracia.
Dios unilateralmente se obligó a cumplir sus promesas de dar una tierra a los
descendientes de Abraham y de enviar a esa tierra a la Simiente de Abraham,
Cristo, para ser una bendición para todas las familias de la tierra. El
transcurso del tiempo, la debilidad de fe de los Hijos de Israel, la aflicción
que sufrían por muchos años en Egipto y que se había agudizado en los últimos
días, no podían anular esa promesa del Dios fiel. Aunque les parecía que Dios
les había olvidado, todavía era el Dios fiel, el Dios del pacto, él que
actuaría para librar a su pueblo de su aflicción.
Ahora les asegura: “Asimismo, yo he
escuchado el gemido de los hijos de Israel, a quienes los egipcios esclavizan,
y me he acordado de mi pacto.” Todo el tiempo que Israel pensaba que Dios se
había hecho sordo a sus quejas, que habían sido olvidados, que ya no había
remedio de su aflicción, Dios escuchaba, les estaba oyendo, oyendo con
simpatía. Aunque parecía tardar en hacerlo, ahora “se acuerda de su pacto,” no
como si lo haya en algún momento olvidado, sino que así les parecía a los
israelitas en su sufrimiento. Con acordarse de su pacto quería decir que había
llegado ya el momento de entrar en acción, de poner en efecto y demostrar a los
ojos de todos lo que se había tenido que esperar solamente en base de la
promesa. “Por tanto, di a los hijos de Israel: Yo soy Jehovah. Yo os libraré de
las cargas de Egipto y os libertaré de su esclavitud. Os redimiré con brazo
extendido y con grandes actos justicieros.” Les redimiría, les sacaría de su
esclavitud, les libraría, y lo haría de una manera que nadie tendría ya que
dudar si fuera Jehová, el Dios fiel. Se haría con grandes obras del poder de
Dios, “con brazo extendido,” y con “grandes actos justicieros.” Los que
afligían al pueblo querido de Dios finalmente recibirían su recompensa en la
forma de grandes obras de juicio de parte de Dios. Todo esto en cumplimiento de
lo que Dios había prometido a Abraham en conexión con su pacto. “Entonces Dios
dijo a Abram: —Ten por cierto que tus descendientes serán extranjeros en una
tierra que no será suya, y los esclavizarán y los oprimirán 400 años. Pero yo
también juzgaré a la nación a la cual servirán, y después de esto saldrán con
grandes riquezas.”
Ustedes saben lo que sucedió. Dios
afligió a Egipto con las diez plagas que demostraban su poder y finalmente
obligó a Faraón a dejar ir a su pueblo. Y cuando los egipcios tercamente otra
vez se opusieron a los designios de Dios y persiguieron a Israel para
obligarlos a regresar, Dios intervino con el juicio contra Egipto en el Mar
Rojo, en donde pereció la flor y la nata del gran ejército egipcio.
Verdaderamente, aunque parecía
tardar, Dios no había olvidado su promesa. Cumplió todo lo que había prometido
a los padres, así que las generaciones posteriores en Israel podían cantar
(Salmo 105): “Es Jehovah, nuestro Dios; en toda la tierra están sus juicios. 8
Se acordó para siempre de su pacto —de la palabra que mandó para mil
generaciones—, 9 el cual hizo con Abraham; y de su juramento a Isaac. 10 Lo
confirmó a Jacob por estatuto, como pacto sempiterno a Israel, 11 diciendo: ‘A
ti daré la tierra de Canaán; como la porción que poseeréis.’ 12 Cuando eran pocos
en número, muy pocos y forasteros en ella; 13 cuando andaban de nación en
nación, y de un reino a otro pueblo, 14 no permitió que nadie los oprimiese;
más bien, por causa de ellos castigó a reyes.
Dios repite su promesa de librar a
los hijos de Israel. 15 Dijo: “¡No toquéis a mis ungidos, ni hagáis mal a mis
profetas!”
Así Dios ha demostrado que él es
Jehová, el Dios fiel, el Dios que cumple sus promesas. “Os tomaré como pueblo
mío, y yo seré vuestro Dios. Vosotros sabréis que yo soy Jehovah vuestro Dios,
que os libra de las cargas de Egipto, 8 Yo os llevaré a la. tierra por la cual
alcé mi mano jurando que la daría a Abraham, a Isaac y a Jacob. Yo osla daré en
posesión. Yo Jehovah.” Ni la infidelidad de su pueblo pudo anular sus promesas
de gracia. “Porque yo, Jehovah, no cambio; por eso vosotros, oh hijos de Jacob,
no habéis sido consumidos!” Mal. 3:6.
Todo esto podría parecemos como algo
antiguo, muy remoto de nosotros y nuestra condición y nuestras necesidades.
Pero no es así. Dios también ha sido fiel en cuanto a nosotros. No hay mayor
prueba de esto que la otra gran prueba de que Dios guarda sus promesas, de la
cual esas promesas a los Hijos de Israel eran solamente una sombra. También vio
nuestra aflicción y servidumbre, nuestra esclavitud al pecado y la condenación.
Ni esperó nuestro gemido, sino de su libre voluntad, conforme a sus promesas
antiguas, envió a su Hijo Jesucristo para libramos de nuestra servidumbre y
adoptarnos como su pueblo para ser nuestro Dios. Conforme a su pacto de gracia
envió a su Hijo hasta la muerte por nosotros, indignos pecadores. ¿Sera posible
que Dios nos olvide ahora? ¿Nos habrá abandonado? No puede ser. “¿Qué, pues,
diremos frente a estas cosas? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?
32 El que no eximió ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos
nosotros, ¿cómo no nos dará gratuitamente también con él todas las cosas?” Rom
8:32-33. No dudes, luego, de la gracia y la fidelidad de Dios. Aun cuando
parezca que tarde, la ayuda vendrá, ayuda para la eternidad. Ten ánimo, luego,
porque todavía el que trata con nosotros es Jehová, el Dios siempre fiel. Ser
infiel a sus promesas negaría su mismo ser. Y esto no puede ser. De esto
podemos estar seguros.
Amén.
viernes, 15 de octubre de 2021
GÉNESIS 28:10-22 : TAMBIÉN LOS HIJOS DE DIOS PUEDEN CAER EN EL PECADO
“Jacob, pues, salió de Beerseba y fue a Harán.
Llegó a un cierto lugar y durmió allí, porque ya el sol se había puesto. De las
piedras de aquel paraje tomo una para su cabecera y se acostó en aquel lugar. Y
tuvo un sueño: Vio una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo
tocaba en el cielo. Ángeles de Dios subían y descendían por ella. Jehová estaba
en lo alto de ella y dijo: «Yo soy Jehová, el Dios de Abraham, tu padre, y el Dios
de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia.
Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente,
al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas
en ti y en tu simiente, pues yo estoy contigo, te guardaré dondequiera que
vayas y volveré a traerte a esta tierra, porque no te dejaré hasta que haya hecho
lo que te he dicho». Cuando Jacob despertó de su sueño, dijo: «Ciertamente
Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía». Entonces tuvo miedo y exclamó:
«¡Cuán terrible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios y puerta del
cielo». Se levantó Jacob de mañana, y tomando la piedra que había puesto de cabecera,
la alzó por señal y derramó aceite encima de ella. Y a aquel lugar le puso por nombre
Bet-el, aunque Luz era el nombre anterior de la ciudad. Allí hizo voto Jacob,
diciendo: «Si va Dios conmigo y me guarda en este viaje en que estoy, si me da
pan para comer y vestido para vestir y si vuelvo en paz a casa de mi padre,
Jehová será mi Dios. Y esta piedra que he puesto por señal será casa de Dios; y
de todo lo que me des, el diezmo apartaré para ti».” (Genesis 28:10–22)
Las historias de los patriarcas en
Génesis son mucho más que historias antiguas o cuentos divertidos. Son la
historia de la manera en la que Dios ha tratado con su pueblo en toda época.
Por eso nos conviene mucho a nosotros
ahora también prestar atención a lo que Dios hace con los patriarcas. Así aprenderemos
mucho de lo que hace con nosotros también. El texto de esta mañana trata de
cierto acontecimiento en la vida de Jacob, el hijo de Isaac y nieto de Abraham.
De esto vamos a hablar esta mañana para sacar las lecciones de la huida de Jacob.
En primer lugar, vemos que I.
También los hijos de Dios pueden caer en el pecado.
Jacob se encuentra huyendo. Cómo está
huyendo tal vez se hace claro cuando consideramos que sin parar había corrido
desde Beer Seba, en donde estaba la casa de su padre, hasta Luz, una distancia
de casi 80 km. Y aun cuando se encuentra en nuestro texto, no se atreve a
acostarse en el pueblo. Escogió un lugar en el campo abierto, donde sería más
difícil encontrarlo.
¿Por qué fue que Jacob se huía con
tanto miedo? Eso fue el resultado del pecado. Había engañado a su padre. Cuando
su padre anciano había decidido dar su bendición a uno de sus
hijos, él había enviado a Esaú al
campo para cazar venado y preparárselo, para luego darle su bendición. Su
madre, Rebeca, oyó de eso y le disgustó. Ella sabía que Dios tenía la intención
de dar la mayor bendición a Jacob, el hermano menor. Por tanto. convenció a
Jacob a vestirse como si fuera su hermano, a llevar un guiso de cabrito, y así
por medio del engaño obtener la bendición de su padre.
¿Serían éstas las acciones de un
creyente, de un hijo de Dios? ¿La mentira y el engaño son propios de la vida de
un creyente? Jacob hasta había utilizado el nombre de Dios en el servicio de su
engaño. ¿Puede esto salir de la boca de un hijo de Dios? Aun cuando Rebeca y
Jacob hayan pensado que una promesa de Dios estaba en peligro, eso no les
exculpa por el engaño y la mentira que practicaron contra su esposo y padre.
Sin embargo, su motivo fue su fe en la promesa. Era importante para ellos la bendición
de Isaac porque la relacionaban con la promesa de la venida del Salvador. Y en
él tenían su corazón. De modo que estos pecados no fueron pecados de rebeldía
abierta, sino pecados de debilidad, de falta de confianza, de falta de conocimiento.
Pero fueron pecados, aun así. Es más. lo que más esperaban ganar con esta
acción no lo lograron. Con las muchas palabras bonitas que habló Jacob en su
bendición, no había nada de la promesa de la venida de Cristo de su familia.
Y luego había la manera de tratar con
el hermano. Buscar quitar de él lo que su padre quería darle, y lograrlo con
estos medios. Ciertamente estas acciones no fueron calculadas para producir la armonía
familiar. Y lo que esperaríamos es lo que sucedió. Como resultado Jacob se
encontró lleno de miedo y de angustia. Jacob tuvo que huir para salvarse la
vida. En su ira Esaú había jurado que tan pronto que estuviera muerto su padre,
mataría a Jacob, el engañador. Jacob, que tanto amaba su hogar, el favorito de
su madre, el tranquilo y piadoso, tuvo que huirse. El miedo y la angustia se
apoderaron de él. Tuvo que romper de inmediato los lazos familiares para ir a
una tierra extranjera.
Todo esto fue un resultado de su pecado. Y todo esto tenía que servir para impresionarlo con la seriedad del pecado. Fue con una conciencia también atormentada, un corazón lleno de dudas e inquietud, que Jacob se huía de la casa de su padre y de la presencia de su madre.
Y todo esto es como tenía que ser.
Dios tenía que impresionar a Jacob con la verdad de que Dios no puede ser
burlado. El pecado trae consecuencias en este mundo, aun los pecados de debilidad
que cometen los hijos de Dios. La familia rota, el desagrado de su padre, el
odio de su hermano, la separación de su querida madre, temor por su misma vida;
éstas fueron las trágicas consecuencias del pecado. Jacob lo sabía, y lo
acercaba a la desesperación.
Estas cosas fueron escritas para que
nosotros también aprendiéramos las lecciones. El que piensa estar firme, mire
que no caiga. Nosotros también, cuando dejamos de confiar solamente en Dios y
sus promesas, cuando pensamos que nosotros mismos tenemos que hacer todo salir
bien, que tenemos que ayudar a Dios a cumplir su palabra, también fácilmente podemos
caer en graves pecados. Nosotros también, si no vigilamos y oramos, nos
flaqueamos y nos debilitamos en la fe, y pronto estamos trayendo vergüenza
sobre el nombre de hijos de Dios. Como resultado, Dios frecuentemente tiene que
golpearnos y afligirnos, para que no nos hagamos indiferentes a nuestros
pecados y pensemos que sea cosa pequeña ofender contra el Altísimo. Y si somos
honestos en nuestras aflicciones no gritaremos: “¿Por qué a mí, Dios?”, sino
“Lo he merecido, oh Señor, porque mis pecados nos muchos y graves.”
Pero la intención de Dios con Jacob
no era dejarlo en su culpa y desesperación. Quería consolarlo, quería
fortalecerlo, quería llenarlo de nuevo de confianza y fe. Así permitió que
Jacob tuviera una maravillosa visión en forma de sueño.
II Dios se digna ayudar y salvar al
pecador.
Jacob se acuesta en el campo. Nuestro
texto nos dice que llegó a cierto lugar. Tal vez a él le haya parecido un lugar
cualquiera, y que haya llegado allí por casualidad. Pero lo cierto es que Dios
mismo le había guiado a ese lugar
porque tenía grandes planes para él allí. Toma de las piedras del lugar y las
pone por cabecera. Se duerme allí en el campo abierto. Repentinamente en sueño ve
una visión.
Dios le permite ver una escalera. O
tal vez haya tenido la forma de una escalera de piedra. Pero no era una
escalera ordinaria. Esta escalera se extendía de la tierra al cielo. Unía los
dos extremos. Si el pecado había hecho separación entre Dios y los hombres, si
Jacob mismo había pecado y ya no merecía el nombre de hijo de Dios, aquí estaba
una declaración del Dios Altísimo de que no había cerrado el camino a los
hombres, que buscaba todavía comunión con ellos, que había perdón para los pecadores.
En la escalera se vieron los ángeles
de Dios subiendo y bajando. Estos seres, que normalmente llevan a cabo su
ministerio silenciosa e invisiblemente, aquí demuestran que son “servidores de Dios” que sirven las
necesidades de sus creyentes.
Arriba estaba Dios mismo en forma
visible, apareciendo al pecador para asegurarle de su favor y perdón. Pero no
solamente dejó que Jacob concluyera esto de lo que veía. Habló con él, palabras
abundantes de consuelo. Le asegura que él es el Dios de sus padres. “Yo soy
Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac.” No debe temer que, al
dejar atrás su casa y su
padre, está dejando atrás también a
su Dios. Este Dios es Jehová, el Dios fiel, el Dios que cumple sus promesas. El
hecho de que aparece a Jacob ahora es la garantía de que estará con él
como estuvo con sus padres.
Le promete la tierra. “La tierra en
que estás acostado; te la daré a ti y a tu descendencia.” Aunque huye de esa
tierra, Dios cumplirá su promesa, y la familia de Jacob heredará la tierra. Esto
ya implica que el Salvador vendrá de su familia, de modo que podría cobrar
ánimo y seguir su camino confiado en base de esto, pero el Señor quiere que
esté totalmente seguro, por lo cual explícitamente le promete el Salvador como
descendiente. “Y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu Simiente.”
La bendición que traería el gran descendiente de Jacob, la salvación para todas
las naciones es lo que más había anhelado Jacob. Es lo que buscaba cuando
engañó a su padre. Ahora lo recibió, no por su astucia, sino por la gracia, el
favor inmerecido de Dios, quien apareció a este pecador indigno para asegurarle
de tan gran promesa.
Para que pueda confirmar la fe de
Jacob en esta promesa, le promete estar con él hasta volverlo a traer a esa
tierra. “He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueras, y
volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo
que te he dicho.”
Grandes promesas todas, y todas
hechas a un indigno pecador. Cada palabra tenía la firme intención de
asegurarle a este pecador con conciencia agobiada que sus pecados eran perdonados,
que sus iniquidades fueron quitadas, que las intenciones del Señor para con él
aun cuando tenía que azotarlo y disciplinarlo, aun cuando tenía que salir de su
casa y emprender un largo viaje como resultado de su pecado, eran intenciones
de misericordia y de bendición.
Así trata Dios también con nosotros.
Aunque tiene que imponernos muchas cruces y aflicciones para llevarnos al arrepentimiento
y a profundizar en nosotros el conocimiento de nuestros pecados, su propósito
final no es nuestra condenación, sino nuestra salvación. A nosotros también nos
habla en nuestra aflicción y tristeza, nos muestra a Jesús, colgado entre el
cielo y la tierra, llevando la carga de
nuestro pecado, y nos dice que en él nos ha dado a nosotros libre acceso al
trono de la gracia, perdón completo de todos nuestros pecados, y nos promete también
estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo cuando nos guiará a
nosotros salvos y seguros a nuestra patria celestial.
Pero ciertamente los que reciben tan
asombrosas revelaciones de la gracia y salvación de Dios luego deben responder
con adoración y alabanza de corazón y vida. Los hijos de Dios le deben gratitud
y servicio por su gracia y bondad.
Jacob ve en este lugar la casa de
Dios y la puerta del cielo. Jacob reconoció la grandeza de ser permitido ver
esta visión del Señor de misericordia. Sabe que Dios mora en todas partes. Pero
el lugar en donde revela su gracia y misericordia, su perdón para los
pecadores, es peculiarmente la casa de Dios y la puerta del cielo.
Por eso pone una piedra conmemorativa
allí. No quiere olvidar lo que Dios allí le reveló. Quiere siempre estar
nuevamente recordado del mensaje de gracia que Dios le ha concedido. Por eso
levanta la piedra en la cual ha dormido, y la unge con aceite para dedicarla al
Señor.
Este Dios le ha concedido su amor y
su gracia, y le ha dado su
salvación. Por tanto, expresa el
firme propósito: Jehová será mi
Dios. No puede ser de otra manera. No
hay otro Dios salvador.
El mensaje de salvación, cuando toma
posesión del corazón, no dejará lugar para ningún otro dios. Esta es la gozosa
confesión de todos los que han sido salvaos por la gracia de Jesucristo, aquél
Simiente de Jacob que le fue prometido aquí.
Pero no se queda tampoco con las
palabras. Promete más. Promete el diezmo de todo lo que Dios le diera. “Y de
todo lo que mi dieres, el diezmo apartaré para ti.” Como ya tiene la confianza
de que Dios le cuidará y le prosperará según su voluntad, promete regresar la
décima parte de lo que Dios le daría en una ofrenda de gratitud. No lo hizo por
ley. Las leyes al respecto fueron dadas a Moisés siglos más tarde. Esta fue la reacción
de un corazón que rebosaba de gratitud por tan grande salvación ofrecida a él,
un pecador tan indigno.
Dios también nos ha dado nuestros
Betel, nuestras casas de Dios. En nuestro pecado y nuestra angustia también
viene a nosotros, en la predicación del Evangelio, en la absolución, en el Bautismo
y la Santa Cena, en las palabras de la Sagrada Escritura. ¡Tantas formas
utiliza Dios para asegurarnos de su favor y perdón! No quiere que nadie esté en
dudas de esto.
Pero ciertamente nosotros también
entonces seguiremos el ejemplo de Jacob. Nosotros también con firme propósito
nos adheriremos solamente a Cristo nuestro Salvador. No dejaremos que nada ni
nadie quite nuestra confianza en él. También le serviremos con corazón y boca,
alabándole y dando testimonio de sus grandes obras salvadoras. Y también
dedicaremos una porción de las posesiones con las cuales él nos ha bendecido para
la obra de su iglesia de proclamar su maravillosa salvación. No lo haremos
porque hay una ley de dar el diez por ciento. Más bien lo haremos de corazones
que rebosan de gratitud por tan grande salvación, y porque sencillamente no
podemos guardar tan gran tesoro solamente para nosotros mismos.
jueves, 16 de septiembre de 2021
GÉNESIS 12:1-9
1 Entonces
Jehovah dijo a Abram: "Vete de tu tierra, de tu parentela y de la casa de
tu padre, a la tierra que te mostraré. 2 Yo haré de ti una gran nación. Te
bendeciré y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. 3 Bendeciré a los que te
bendigan, y a los que te maldigan maldeciré. Y en ti serán benditas todas las
familias de la tierra."
4 Abram se fue,
como Jehovah le había dicho, y Lot fue con él. Abram tenía 75 años cuando salió
de Harán. 5 Abram tomó a Sarai su mujer, a Lot su sobrino y todos los bienes
que habían acumulado y a las personas que habían adquirido en Harán; y
partieron hacia la tierra de Canaán. Después llegaron a la tierra de Canaán, 6
y Abram atravesó aquella tierra hasta la encina de Moré, en las inmediaciones
de Siquem. Los cananeos estaban entonces en la tierra. 7 Y se apareció Jehovah
a Abram y le dijo: "A tu descendencia daré esta tierra." Y él edificó
allí un altar a Jehovah, quien se le había aparecido. 8 Después se trasladó a
la región montañosa al oriente de Betel y extendió allí su tienda, entre Betel
al oeste y Hai al este. Allí edificó un altar a Jehovah e invocó el nombre de
Jehovah. 9 Después partió de allí y se dirigió progresivamente hacia el Néguev.
(RVA)
Abraham, el hombre de fe, es también el hombre de las obras. Pero
como Pablo dice en nuestra Epístola, lo que lo hace justo delante de Dios no
son sus obras, sino su fe, como está escrito: “Y creyó al Señor, y su fe le fue
contado por justicia.” Fue su fe, su confianza en la promesa divina, su
confianza en el Dios que justifica al impío, que le trajo la eterna salvación y
la vida eterna. Así que Pablo correctamente destaca su fe, y usa el ejemplo de
Abraham para establecer que la manera de ser justo ante Dios es creer sus
promesas, confiar en su Cristo, estar seguro de que por medio de Cristo y su
redención nos quedamos libres de culpa y somos hechos herederos de la salvación
y la vida eterna.
Santiago también utiliza el ejemplo de Abraham, sobre todo como un
ejemplo de qué tipo de fe es la que justifica. No quiere que nos engañemos
pensando que una fe puramente intelectual, una fe que no produce ningún fruto
de obediencia sea genuina o que sea una fe salvadora. Así destaca las obras de
Abraham que fluyen de su fe. En nuestro texto de hoy vemos los dos aspectos de
Abraham, su fe, y la obediencia que fluye de su fe.
Nuestro texto comienza con el llamamiento de Abraham.
“Entonces Jehovah dijo a Abram: "Vete de tu tierra, de tu parentela y de la casa de tu padre, a la
tierra que te mostraré.” Pensemos por un momento en lo que significaba esto.
Recordemos que Abraham en este tiempo tenía 75 años. No es normalmente la edad
para las aventuras. Estaría firmemente establecido en su lugar en la familia y
la sociedad en donde estaba. Sin embargo, es llamado a abandonar patria,
parientes, la casa paternal, para emprender ruta a un lugar que ni era
precisado: “a la tierra que yo te mostraré.” ¿Usted se hubiera ido? ¿No le
hubiera parecido una alucinación, o un engaño de la imaginación? Algunos de
ustedes tal vez han abandonado su familia y su tierra para venir a la capital.
Pero tal vez han tenido la experiencia también de tratar de convencer a algún
pariente mayor a venir también, sólo para recibir la respuesta: No, hijo, o No
sobrino, aquí estoy bien.
Sin embargo, oímos de Abraham que obedeció implícitamente. “Abram
se fue, como Jehovah le había dicho.” ¿En dónde encontró la fuerza para tal
obediencia? La respuesta está en lo que Dios le había dicho a continuación del
mandato. Le dio una serie de promesas, promesas que culminaban en la promesa
más maravillosa que Dios había hecho directamente a un hombre desde que primero
prometió a Adán y Eva la venida de la Simiente de la mujer. “Yo haré de ti una
gran nación. Te bendeciré y engrandeceré tu nombre, y serás bendición.
Bendeciré a los que te bendigan, y a los que te maldigan maldeciré. Y en ti
serán benditas todas las familias de la tierra.” Grandes promesas. Promesas que
despiertan en Abraham una viva fe en la bondad de este Dios que le hace estas
promesas. Promesas que levantan el espíritu, e impulsan a una gozosa y
voluntariosa obediencia.
Pero aun así, no ha de haber sido fácil. Abraham tuvo que aprender
a andar por fe, no por vista. Dios le dijo que le haría una gran nación, esto a
un hombre de 75 años que no tenía hijo. Dijo que engrandecería su nombre, eso a
un hombre que tenía que dejar atrás a todos los que lo conocían. Tuvo que creer
que su relación con Dios sería tal que en cierto sentido lo que los
hombres hacían con él lo estaban haciendo con Dios. “Bendeciré a
los que te bendigan, y a los que te maldigan maldeciré.” Pero lo más estupendo
de todo: “En ti serán benditas todas las familias de la tierra.” De Abraham, de
su familia, de esa nación grande que se formaría de su descendencia, vendría
aquél que traería bendición y salvación al mundo de pecadores. El Cristo
vendría de él. Fue su fe en esa promesa lo que le impulsó a la obediencia, lo
que le llevó a abandonar a familia y tierra, para emprender el largo viaje a
Canaán. “Por la fe Abraham, cuando fue llamado, obedeció para salir al lugar
que había de recibir por herencia; y salió sin saber a dónde iba.” Heb. 11:8.
Y Abraham también necesitaba a Cristo. Como todos, fue llamado por
gracia. Lo que era Abraham y su familia por sí solos oímos del libro de Josué:
“Así ha dicho Jehovah Dios de Israel: "Vuestros padres (Taré, padre de
Abraham y de Nacor) habitaron antiguamente al otro lado del Río, y sirvieron a
otros dioses. Pero yo tomé a vuestro padre Abraham del otro lado del Río, lo
traje por toda la tierra de Canaán, aumenté su descendencia y le di por hijo a
Isaac.” (Jos. 24:2-3) Abraham y la familia de Abraham eran pecadores como todos
los demás.
No fue porque lo mereció que Dios llamó a Abraham, sino de su pura
gracia. Dios es el que hizo a Abraham lo que era. Yo tomé a vuestro padre
Abraham. Yo lo traje por toda la tierra de Canaán. Yo aumenté su descendencia.
El Señor lo había hecho todo. La elección de Abraham para estas bendiciones
dependía exclusivamente del amor y la buena voluntad de Dios.
Y aun la forma de llamar a Abraham fue motivado por el amor de
Dios. Para que Abraham fuera bendición, para que en él todas las familias de la
tierra fueran bendecidas, fue necesario separar a Abraham de todo lo que lo
atraía en este mundo. Se mente tenía que ser fijada solamente en el Dios que
promete, y la bendición que Dios traería, sin la distracción de los lazos sociales
y familiares. Su atención tenía que fijarse en otro hogar.
“Conforme a su fe murieron todos éstos sin haber recibido el
cumplimiento de las promesas. Más bien, las miraron de lejos y las saludaron, y
confesaron que eran extranjeros y peregrinos en la tierra. 14 Los que así
hablan, claramente dan a entender que buscan otra patria. 15 Pues si de veras
se acordaran de la tierra de donde salieron, tendrían oportunidad de regresar.
16 Pero ellos anhelaban una patria mejor, es decir, la celestial.” Aun la
tierra a donde Dios le conducía no sería su hogar permanente. “A tu
descendencia daré esta tierra.” Personalmente, él sería un extranjero y
peregrino en la tierra, viviendo en tiendas, sin poseer más que un lugar para
sepultura. Pero no le importaba. Mediante la obra de su Simiente, Cristo, cuyo
día vio, y se regocijó, él esperaba una patria aun mejor. En esto consistía la
fe de Abraham. Esto es lo que motivaba su obediencia.
Nosotros también somos llamados, llamados a abandonar todo, tomar
nuestra cruz y seguir a Cristo. Nosotros también somos llamados a amar a Dios
más aún que a nuestros padres y madres, hijos e hijas, amistades, posición
social, y vivir como extranjeros y peregrinos en el mundo. Dios también nos recuerda
a nosotros: “No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno
ama al mundo, el amor del Padre no está en él; 16 porque todo lo que hay en el
mundo -- los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la soberbia de la
vida -- no proviene del Padre sino del mundo.” ¿Y cómo podemos encontrar la
fuerza para hacerlo? En el mismo lugar en donde lo encontró Abraham. En la promesa incondicional
del amor de Dios en Jesucristo. Como la atención de Abraham fue dirigida a la
Simiente, nuestra atención se dirige al amor de Cristo, colgando de la cruz,
llevando nuestros pecados y culpa, y al trono, donde él reina victorioso y de
donde lo esperamos en la culminación de los tiempos cuando nos recibirá en su
gloria. Cuando realmente confiamos en esto, cuando vemos la grandeza del amor
de Dios a nosotros, aquel Dios que justifica en Cristo a nosotros los impíos,
también querremos servir y obedecer a aquél que nos ha salvado y redimido de
todo pecado, de la muerte y del poder del diablo.
La fe de Abraham lo llevó a obedecer la voz de Dios. Salió de
Harán y atravesó la tierra de Canaán. La fe genuina resulta en obediencia.
Nadie piense que la verdadera fe que salva se expresa en la desobediencia a los
mandatos de Dios. La impenitencia expulsará al Espíritu Santo y nos dejará
expuestos al infierno. “Y ésta es la condenación: que la luz ha venido al
mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran
malas. 20 Porque todo aquel que practica lo malo aborrece la luz, y no viene a
la luz, para que sus obras no sean censuradas. 21 Pero el que hace la verdad
viene a la luz para que sus obras sean manifiestas, que son hechas en Dios.” Es
acerca de la posibilidad de engañarse en este asunto que Santiago dijo que “Así
también la fe, si no tiene obras, está muerta en sí misma.” Eva perdió su fe
escuchando la voz del diablo, y desobedeció, trayendo condenación sobre todos.
Noé creyó en Dios, así que cuando Dios le dijo hacer algo contra la vista y
contra la razón, obedeció. Construyó el arca. Abraham creyó las promesas de
Dios y obedeció. Salió de su tierra y dejó atrás su familia. Saúl ya no creía,
pensaba que tenía que arreglar las cosas él solo, y desobedeció, ofreciendo él
mismo el sacrificio que Dios había reservado para Samuel. Así fue reprendido: “¿Se complace tanto Jehovah en los holocaustos
y en los sacrificios como en que la palabra de Jehovah sea obedecida?
Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención es
mejor que el sebo de los carneros. 23 Porque la rebeldía es como el pecado de
adivinación, y la obstinación es como la iniquidad de la idolatría. Por cuanto
tú has desechado la palabra de Jehovah, él también te ha desechado a ti, para
que no seas rey.” Jesucristo mismo tuvo una fe perfecta en su Padre celestial,
y siempre hacía la voluntad de su Padre.
Vemos luego que cuando Dios le prometió que daría esa tierra a su
descendencia que Abraham adoró. La fe que recibe las promesas de Dios también
se goza en contemplar esas promesas, meditarlas, alabar a Dios por su bondad y
misericordia y darle la gracias. El cristiano que ha conocido la bondad de
Cristo en rescatar a los pecadores de la destrucción quiere oír siempre más
acerca de su Salvador y su salvación, se deleita en la Palabra del Señor, ve que la comunión con su Creador y el
Redentor en los cultos es un privilegio y se esfuerza por estar allí y agregar
su débil voz a la canción de los ángeles y de los redimidos en el cielo.
Y Abraham “invocó el nombre de Jehovah..” Esto sería mejor
traducido con “proclamó el nombre de Jehová.” De este modo Abraham realmente
era una bendición a los que estaban alrededor. Como Pablo, no podía sino
predicar las cosas que había visto y oído. Sobre todo su tema era la promesa de
la bendición de todas las familias de la tierra, la promesa de Cristo y su
redención. La fe que se deleita en su Redentor no puede guardar silencio. Las
noticias para los pecadores son demasiado buenas para guardarlas solamente para
uno mismo. Es como el novio que de alguna forma mete a su novia en todas las
conversaciones.
Tal vez nuestra fe no siempre esté haciendo todas estas cosas.
Bueno, debe entristecernos. Pero no debe llevarnos a la desesperación. Abraham
tampoco era perfecto. Este mismo capítulo presentará una gran falla en la fe de
Abraham, cuando puso a Sara en una situación de gran peligro en Egipto. Pero
sus obras no eran la esperanza de Abraham para su justificación delante de Dios
de todos modos. “Abraham creyó a Jehová, y le fue contado por justicia.” Pero
en sus mejores momentos, como en este texto, Abraham nos muestra lo que hace
esa verdadera fe, lo que brota espontáneamente cuando realmente ponemos la
confianza en las promesas de Dios, nos alejamos de los engaños de este mundo, y
fijamos nuestra esperanza en el meta celestial. Vemos entonces que la fe
realmente es como lo describe Lutero: “La fe es una cosa viva y potente; no es
solamente un pensamiento cansado y flojo; tampoco flota en alguna parte sobre
el corazón como el pato flota en el agua, sino es como el agua calentado completamente
con un fuego bien caliente.” Dios, concédenos una fe así.
Amén.











