viernes, 20 de marzo de 2015

¿CUÁL ES LA NATURALEZA DE LA SAGRADA ESCRITURA?






¿CUÁL ES LA NATURALEZA DE LA SAGRADA ESCRITURA?

Se llama Escritura, porque está escrita. Se llama Sagrada Escritura, porque los que la escribieron son los santos hombres de Dios. 2 Pedro 1:21. Los que escribieron este libro fueron hombres santos, hombres de Dios, a quienes él envió con el fin de que escribieran la Biblia. Esos santos hombres de Dios fueron los profetas, los evangelistas y los apóstoles.

Pero hay todavía mucho más que decir acerca de la Sagrada Escritura. Tanto la palabra que Pablo predicó como la que escribió a los tesalonicenses la aceptaron como la palabra de Dios. (1 Tes. 2:13). Así lo que escribieron los santos hombres de Dios, la Sagrada Escritura, es la palabra de Dios. Es cierto que quienes la escribieron son hombres, pero aún así es la palabra de Dios. La Biblia dice esto de sí misma. 2 Ped. 1:21. Los santos hombres de Dios no escribieron nada más porque ellos decidieron hacerlo. No la escribieron por su propia voluntad. El Espíritu Santo, que es Dios, los inspiró. La Escritura se escribió por inspiración del Espíritu Santo. — De esa inspiración del Espíritu Santo resulta algo más. 2 Tim. 3:15-17. (“Toda la Escritura es inspirada por Dios”.) La Escritura es dada por Dios. Él la dio a los santos hombres, como si les hubiera dicho de antemano lo que deberían escribir. (Aunque no es adecuado, se puede usar el ejemplo de un maestro que dicte algo a sus alumnos.) Los profetas y apóstoles fueron sólo instrumentos. Dios es el verdadero autor de la Escritura; de modo que la Sagrada Escritura es su palabra. Fue escrita por inspiración del Espíritu Santo. Toda la Escritura es inspirada por Dios. No es cierto, entonces, que Dios sólo haya inspirado una parte de la Escritura, solamente algo de las doctrinas principales. Más bien todo lo que se llama Sagrada Escritura, todo lo que está en la Biblia, Dios lo inspiró. Toda la Escritura la proporcionó Dios. Él la inspiró tal como está escrita. Dio a los profetas y apóstoles no sólo los pensamientos, sino las palabras mismas. (Se puede usar el ejemplo de un maestro, que encarga de tarea a sus alumnos un tema con los principales pensamientos, en contraste con un maestro que dicta palabra por palabra. Realmente Dios uso la personalidad y estilo de cada autor, y aun así controló todo el proceso para que el resultado fuera su palabra.) El hecho de que Dios inspiró no sólo los pensamientos sino también las palabras se ve especialmente en el versículo 1 Cor. 2:13. Pablo afirma de sí mismo y de los demás apóstoles, que han hablado y también escrito con palabras que el Espíritu Santo ha enseñado. Así toda la Sagrada Escritura en su contenido y su forma es la palabra de Dios. La Biblia se llama la Sagrada Escritura porque es la palabra del Dios santo, y su contenido también es santo.

La Sagrada Escritura es la palabra de Dios (Preg. 5B). Él es su verdadero Autor. Pero Dios no puede mentir. (Núm. 23:19). Así la Sagrada Escritura contiene sólo la verdad, divina e infalible. Ya que toda la Escritura es la palabra de Dios, todo en la Biblia es también cierto, no sólo las cosas más importantes, sino también las cosas que parezcan secundarias. No hay ningún error en la Biblia. Por eso podemos depender totalmente de lo que esta palabra nos dice, en cada situación de la vida, en toda necesidad y en la muerte. (Sal. 33:4). Debemos comparar todo con este libro para ver si es cierto. Lo que sea contrario a la Escritura tenemos que rechazarlo como mentira y error. Ya que la Escritura es la verdadera e infalible palabra de Dios, la llamamos también la Biblia; “el Libro”, es decir, el libro por excelencia.

Muchas veces en nuestra instrucción vamos a encontrar cosas que parecerán imposibles según nuestra razón humana. En estos casos, es necesario recordar quién habla en la Escritura, el Señor todopoderoso y veraz. Será necesario que sujetemos nuestra razón a la palabra de nuestro Dios salvador. 2 Corintios 10:5.


Hemos aprendido que la Sagrada Escritura o la Biblia es la palabra de Dios, porque la escribieron los profetas, evangelistas y apóstoles por inspiración del Espíritu Santo, y por eso es infaliblemente verdadera y cierta.