jueves, 30 de abril de 2020

CUANDO VAMOS A DIOS EN LA ORACIÓN, DEBEMOS HACERLO CON LA CONVICCIÓN Y CONFIANZA



Jeremías 29:11-14 11  Porque yo sé los planes que tengo acerca de vosotros, dice Jehovah, planes de bienestar y no de mal, para daros porvenir y esperanza. 12  Entonces me invocaréis. Vendréis y oraréis a mí, y yo os escucharé. 13  Me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis con todo vuestro corazón. 14  Me dejaré hallar de vosotros, dice Jehovah, y os restauraré de vuestra cautividad. Os reuniré de todas las naciones y de todos los lugares a donde os he expulsado, dice Jehovah. Y os haré volver al lugar de donde hice que os llevaran cautivos." (RVA)

En este sexto domingo de la Pascua la iglesia cristiana desde tiempos antiguos ha dirigido su atención al asunto de la oración. Es seguramente muy apropiado que el asunto de la oración reciba atención especial precisamente durante la estación de la Pascua. El hecho de que tenemos a un Salvador que resucitó de entre los muertos debe ayudar a convencernos de que las oraciones que hablamos a él no son solamente palabras vanas o un ejercicio inútil. Y en este domingo antes de la Ascensión se nos recuerda también que este Salvador vivo ahora está sentado a la diestra de Dios, desde donde él gobierna todas las cosas en el cielo y en la tierra. Eso también debe ayudar a convencernos de que las oraciones que hacemos a él serán escuchadas y contestadas.

Una de las lecciones acerca de la oración que se enseña muchas veces en la Biblia es que, al orar, no debemos acercarnos a Dios con un espíritu incrédulo. Santiago, por ejemplo, dijo a los cristianos a los cuales escribía su Epístola: “Y si a alguno de vosotros le falta sabiduría, pídala a Dios, quien da a todos con liberalidad ... y le será dada. Pero pida con fe, no dudando nada. Porque el que duda es semejante a una ola del mar movida por el viento y echada de un lado a otro. No piense tal hombre que recibirá cosa alguna del Señor. (Santiago 1:5-7). Más tarde en la misma epístola dice: “Y la oración de fe dará salud al enfermo” (Sant. 5:15). En otras palabras, Santiago dice que una oración que se ofrece con duda e incredulidad no será oída, pero una oración que se habla con confianza en la ayuda del Señor será contestada.

Con mucha frecuencia la gente ora con un espíritu que dice: “Bueno, no puede hacer daño, y tal vez hasta ayude.” Tales palabras realmente son una expresión de duda e incredulidad, y orar con ese espíritu es realmente un insulto a Dios.

Cuando vamos a Dios en la oración, debemos hacerlo con la convicción y confianza de que
•          va a ayudar,
•          que Dios escucha nuestras oraciones, y
•          que las toma en cuenta al gobernar tanto el curso del mundo entero y los detalles más pequeños de nuestras vidas.

Nuestro texto puede ayudarnos a crecer en esta seguridad y vencer nuestras dudas pecaminosas al recordarnos
Por Qué los Hijos de Dios Pueden Orar con Confianza

Porque Dios quiere que oremos

Podemos orar con confianza, en primer lugar, porque tenemos a un Dios que quiere que oremos. Nuestro Padre celestial nunca es como un padre terrenal que dice: “No me molestes ahora. ¿No puedes ver que estoy ocupado?” Hizo esto muy claro en nuestro texto cuando dijo a los Hijos de Israel: “Entonces me invocaréis. Vendréis y oraréis a mí.” Es muy obvio de estas palabras que invocar a Dios y orar a él es algo que Dios quiere que haga su pueblo.

El contexto en el cual estas palabras fueron dirigidas a los judíos puede ayudarnos a ver esto con aun más claridad. Estas palabras fueron habladas a los Hijos de Israel después de comenzar su exilio en Babilonia. Ese cautiverio fue un castigo de Dios que había venido sobre ellos porque no habían estado orando al Señor como deberían haber orado a él. Más bien, habían caído en toda clase de idolatría e inmoralidad. Dios había enviado a sus profetas para advertirles y llamarles al arrepentimiento. Había mandado muchas calamidades para recordarles su pecado y el castigo mayor que vendría si no se arrepintieran. Pero nada de esto parecía ayudar en nada.

Finalmente, Dios dijo que si rehusaban escuchar sus advertencias, su nación sería conquistada, sus ciudades destruidas, y que los que sobrevivían serían llevados como cautivos a la tierra de Babilonia. Cuando aun esto no ayudó en llevarlos al arrepentimiento, llegó el rey de Babilonia con su ejército, y Jerusalén fue capturada y finalmente destruida. Y, así como habían predicho los profetas, los judíos fueron llevados al cautiverio babilonio.

En el versículo antes de nuestro texto, Jeremías dijo a su pueblo que este cautiverio duraría setenta años. Dios se refiere al final de ese período de cautiverio cuando dice: “Entonces me invocaréis. Vendréis y oraréis a mí.” En efecto, Dios les está diciendo: “Tomará setenta años hasta que aprendan lo que yo quiero enseñarles. Pero al final de los setenta años, otra vez habrán llegado a ser un pueblo que ora.”
•          Las palabras de Dios claramente implican
•          Que Dios se desagrada cuando las personas no oran a él, y
•          Que se agrada cuando sí oran, y
•          Que cuando les envía problemas y tristezas
•          El quiere enseñarles a orar a él e invocarle para que les ayude.

En su incredulidad, los hombres frecuentemente reaccionan a tales tiempos de aflicción culpando a Dios y quejándose de la manera en la cual él maneja este mundo. Tal vez hasta sean tentados a preguntarse si hay un Dios que todavía mantiene control del universo. Pero, en vez de reaccionar así, deben aprender la lección que Dios quiere enseñarles y volver a él con oración humilde, penitente que reconoce que no tenemos ningún derecho a esperar nada bueno de él, pero que él aun así se agrada cuando nosotros llegamos a él con nuestras peticiones.

Cuando consideramos la manera en la cual Dios trató con los Hijos de Israel, tal vez nos preguntamos si nosotros necesitamos una lección así en nuestros días. Supongo que la mayoría nos hemos hecho conscientes del hecho de que la última parte del siglo veinte no será tan fácil para nosotros como lo ha sido el pasado. ¿Realmente tendremos que esperar hasta que no haya suficiente petróleo y gas para calentar nuestras casas o manejar los tractores de nuestras granjas antes de aprender que tenemos a un Dios que quiere que volvamos a él en nuestras tribulaciones? ¿Será necesario que 150,000,000 de norteamericanos mueran en un ataque nuclear antes que los sobrevivientes aprendan a volver a Dios con todo su corazón porque ya no hay a dónde más acudir por auxilio?

Sabemos que tenemos a un Dios que quiere que oremos. Nos ha mandado hacer eso en muchas partes de la Biblia. Y los problemas que experimentamos en este mundo y los peligros que vemos ante nosotros deben crear en nuestros corazones un deseo de orar. Cuando ese deseo echa raíz en nuestros corazones, nunca tenemos que preguntarnos si Dios tiene tiempo para nosotros, porque podemos acudir a él con confianza, sabiendo que él quiere que vayamos a él con nuestras peticiones.

Porque Dios quiere ayudarnos

Podemos orar con confianza, no solamente porque tenemos a un Dios que quiere que oremos, sino también porque tenemos a un Dios que quiere ayudarnos. El promete escuchar nuestras oraciones y ayudarnos. Ha dicho a los Hijos de Israel a través del profeta Jeremías: “Entonces me invocaréis. Vendréis y oraréis a mí, y yo os escucharé.”

Una de las cosas que los Hijos de Israel deseaban ardientemente durante esos setenta años fue volver a Jerusalén. Ese deseo se expresa en el Salmo 137, que fue escrito durante esos años del cautiverio babilonio. Allí el salmista escribió: “ Junto a los ríos de Babilonia nos sentábamos y llorábamos, acordándonos de Sión” (Sal. 137:1). También dijo: “ Si me olvido de ti, oh Jerusalén, que mi mano derecha olvide su destreza. Mi lengua se pegue a mi paladar, si no me acuerdo de ti, si no ensalzo a Jerusalén como principal motivo de mi alegría.” (Sal. 137:5, 6).

En nuestro texto Dios dio a los judíos en Babilonia la promesa: “Me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis con todo vuestro corazón. Me dejaré hallar de vosotros, dice Jehovah, y os restauraré de vuestra cautividad. Os reuniré de todas las naciones y de todos los lugares a donde os he expulsado, dice Jehovah. Y os haré volver al lugar de donde hice que os llevaran cautivos.”

Dios cumplió esa promesa. Setenta años después de que los primeros exiliados fueron llevados a Babilonia, los judíos comenzaron a volver a Jerusalén, y setenta años después de la destrucción del templo, fue reconstruido y rededicado al culto al Dios verdadero. Sabemos que durante esos setenta años había personas que oraban fervientemente por la ayuda del Señor. Uno de los primeros cautivos llevados a Babilonia fue el profeta Daniel. Fue un hombre tan dedicado a la oración que fue echado en la fosa de los leones porque rehusaba dejar de orar a su Dios.

A muchos de los judíos piadosos a veces ha de haberles parecido durante esos setenta años que sus oraciones no eran escuchadas. En tiempos como esos debemos recordar que la fe es la evidencia de lo que no se ve. Cuando no vemos el cumplimiento de nuestras oraciones, ése precisamente es el tiempo para la confianza y la fe. Porque nuestra fe no debe depender de lo que hemos experimentado o lo que hemos visto. Debe descansar solamente sobre las promesas de Dios. Lutero dice que no debemos creer que Dios contesta nuestras oraciones porque podemos señalar instancias en las cuales las oraciones fueron oídas, sino debemos creerlo porque tenemos la promesa de Dios.

Y debemos creerlo especialmente porque sabemos qué clase de Dios tenemos, porque sabemos que tenemos a un Dios que nos ama y que quiere ayudarnos. Esta es la manera en la cual se describe en nuestro texto cuando dice: “Yo sé los planes que tengo acerca de vosotros, dice Jehovah, planes de bienestar y no de mal, para daros porvenir y esperanza.” Con sus pecados los Hijos de Israel habían merecido algo mucho peor que el cautiverio babilonio. Pero Dios les envió ese castigo menor para que se arrepintieran y volvieran a él para el perdón. Quería que el resultado final de sus vidas fuera la salvación eterna en el cielo.

Sabemos que éste es el porvenir que él quiere que nosotros tengamos también. Con este motivos él tuvo la voluntad de enviar a su propio Hijo para morir en la cruz para ganar para nosotros el perdón de todos nuestros pecados sufriendo nuestro castigo por nosotros. Un Dios que llegaría a tal extremo para ayudarnos encontrar la vida eterna con él en el cielo es sin lugar a dudas un Dios que quiere ayudarnos. Como dice San Pablo: “El que no eximió ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará gratuitamente también con él todas las cosas? (Rom. 8:32)


¡Qué privilegio es acudir en oración a un Dios que es así! Seguramente debemos orar con confianza cuando vamos a un Dios que también dice a nosotros así como dijo a los Hijos de Israel: “Yo sé los planes que tengo acerca de vosotros, dice Jehovah, planes de bienestar y no de mal, para daros porvenir y esperanza.” El quiere que oremos, y quiere ayudar. ¿Qué más necesitamos para animarnos a llevar una vida de oración con confianza? Amén.


Sermón de Siegbert Becker

¿PODEMOS ESTAR SEGUROS DE ESTO — QUE ESTA ESPERANZA SE CUMPLE, QUE ESTA ORACIÓN SE CONTESTA?





12  Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga. (1 Corintios 10:12)

27  Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen. 28  Yo les doy vida eterna, y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano. (Juan 10:27-28)


Este es el domingo del Buen Pastor, y seguramente este retrato del Salvador como el Buen Pastor es uno que debe significar mucho para todos nosotros. Y de todas las promesas que el Salvador nos da como nuestro Buen Pastor, seguramente la promesa que encontramos en la segunda mitad de nuestro texto es una de las más impresionantes.

          En estas palabras nos da la promesa
          que los que somos sus ovejas nunca pereceremos, y
          que nadie jamás podrá arrebatarnos de su mano.

Sabemos que debemos creer todas las promesas que el Señor nos da, y que si creemos esta promesa,
          entonces debemos estar seguros
          de que nunca pereceremos,
          que nunca caeremos,
          que no nos perderemos.

Si éste fuera el único pasaje en la Biblia que trata de este asunto, seguramente diríamos que aquellas iglesias tienen la razón que dicen que una vez que el hombre es un cristiano, nunca puede caerse de la fe. ¿Pero entonces qué haremos con la primera parte de nuestro texto, que dice: “El que piensa estar firme, mire que no caiga”? Otra vez, si éste fuera el único pasaje en la Biblia que trata del asunto, seguramente estaríamos obligados a decir que aquellas iglesias tienen la razón que dicen que nadie puede estar seguro de llegar al cielo.

Todo esto hace surgir una pregunta que debe ser personalmente importante para cada uno de nosotros. Sabemos que si vamos a salvarnos, tenemos que quedarnos fieles al Señor hasta el final de nuestras vidas. El Salvador mismo dijo a sus discípulos: “Pero el que persevere hasta el fin será salvo.” (Mat. 24:13). Por otro lado, en el Antiguo Testamento, Dios dijo a Ezequiel: “Y si algún justo se aparta de su justicia y hace maldad...  morirá por su pecado. Sus obras de justicia que había hecho no le serán tomadas en cuenta.” (Ezequiel 3:20). Todos esperamos que esto no suceda con nosotros, y en la Tercera Petición oramos, como dice Lutero, que nos fortalezca y nos mantenga firmes en su Palabra y en la fe hasta el fin de nuestros días.

¿Podemos estar seguros de esto — que esta esperanza se cumple, y que esta oración se contesta?

Esta es la pregunta que consideraremos esta mañana de base de estos dos pasajes. Qué nos guíe el Espíritu Santo en nuestra meditación.

El peligro de caernos

Al mirar todos los grandes peligros que nos confrontan en estos días cuando iglesias enteras parecen alejarse de la fe cristiana, supongo que hay muchos de nosotros que de vez en cuando nos hemos preocupado con este peligro de perder la fe. Y es algo que debe preocuparnos, porque es un verdadero peligro. Puede suceder que los que han llegado a la fe caigan en gran pecado y en la incredulidad de la cual tal vez nunca vuelvan a levantarse. En la parábola del sembrador el Salvador habló de la semilla que cayó sobre la roca y germinó y creció pero se secó cuando el tiempo se tornó caliente y seco. Esta semilla, dijo, representaba a los que reciben la Palabra de Dios con gozo pero no están bien enraizados en la fe, gente que cree por un tiempo y en un tiempo de tentación se aparta.

Al pensar en este peligro recordamos a un hombre como David, quien es descrito en la Biblia como un hombre según el mismo corazón de Dios, un hombre que escribió muchos de los Salmos. Recordamos cómo cayó en adulterio y asesinato. Se nos dice que David más tarde se arrepintió de este pecado y fue perdonado. Pensamos en su hijo, Salomón, que construyó el templo del Señor en Jerusalén, pero que, en los últimos años de su vida, comenzó a adorar a los dioses falsos de sus esposas paganas y hasta construyó para ellos lugares de culto. Si viviera hoy, sería un líder del movimiento ecuménico, y no se nos dice que se arrepintió de estos pecados.

Cuando Salomón dedicó el templo, oró: “Si pecan contra ti..., y te enojas contra ellos ...  si ellos vuelven en sí ... y se vuelven y te suplican ... se vuelven a ti con todo su corazón y con toda su alma, ...entonces escucha en los cielos, ...  Perdona a tu pueblo.” (1 Reyes 8:46-50). Esperamos que el hombre que oró esa oración tan maravillosa haya visto el cumplimiento de ella en su propia vida, sin embargo no sabemos con seguridad. Pensamos también de hombres como Demas, de quien Pablo dijo: “Demas me ha desamparado, habiendo amado el mundo presente.” (2 Tim. 4:10). Pensamos de hombres como Himeneo y Alejandro, de quienes Pablo dijo que hicieron un naufragio de su fe. O pensamos de personas a quienes conocemos quienes en un tiempo eran cristianos fieles pero que se han alejado.

Pensamos de todas estas personas, y sabemos que esta advertencia es apropiada: “El que piensa estar firme, mire que no caiga” (1 Cor. 10:12). Aun un hombre como San Pablo estaba muy consciente de este peligro, como vemos cuando leemos sus palabras: “No sea que, después de haber predicado a otros, yo mismo venga a ser descalificado” (1 Cor. 9:27). Luego nos miramos a nosotros mismos, y sabemos que tenemos buena razón para cantar: Ando en peligro por todo el camino, del pensamiento nunca estaré libre, que Satanás, que ha notado su presa, hace planes para engañarme. Este enemigo con trampas ocultas puede sorprenderme si me descuido en vigilar y orar. Ando en peligro por todo el camino.

No hay lugar para la confianza en uno mismo

Leemos estas advertencias de la Escritura, y sabemos que no queda lugar para la confianza en nosotros mismos. Sabemos que el diablo constantemente está conspirando para robarnos nuestra fe. Alrededor de nosotros tenemos el mundo y todas sus atracciones que tienden a alejarnos de nuestro Salvador y hacernos olvidar aquellas cosas que son más importantes. Añade a esto la debilidad que vemos en nosotros mismos, y tenemos que reconocer que si este asunto de permanecer en la fe hasta el fin dependiera de nosotros, habría poca esperanza. De hecho, no habría ninguna esperanza. Sabemos muy bien que nuestros corazones pecaminosos encuentran las tentaciones del diablo y las atracciones del mundo muy deseables. Con nuestra propia fortaleza jamás podríamos defendernos contra ellas.

Y es precisamente esto que el Señor quiere enseñarnos cuando dice: “El que piensa estar firme, mire que no caiga.” Hay peligro particular en no saber que cierta cosa es peligrosa. A veces leemos de un niño que cogió una víbora venenosa — con la intención de jugar con ella — y así se puso en peligro porque no sabía que esa víbora era peligrosa. Así los cristianos a veces juegan con la víbora del pecado porque olvidan lo peligroso que es. Se hacen descuidados e indiferentes en el asunto de la salvación de sus almas, confiando demasiado en su propia fortaleza. Cuando se les advierte en contra de lo que están haciendo se enojan, o dicen: “No te preocupes de mí, yo sé cuidarme.”

Me pregunto cuántos de ustedes los jóvenes no han dicho precisamente esto a sus padres cuando ellos les han advertido y expresado preocupación por lo que hacían y a dónde iban. Cuando comenzamos a hablar como Pedro: “Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré” (Mat. 26.33), tenemos que recordar las palabras de nuestro texto: “El que piensa estar firme, mire que no caiga.”

Y así, al ver nuestra debilidad y el gran poder de los enemigos que buscan robarnos nuestra fe, tenemos que sentir que jamás podremos terminar nuestra vida en triunfo y victoria. Pero es precisamente este conocimiento de nuestra debilidad que debe hacernos conscientes de cuánta necesidad tenemos de la fortaleza del Señor. Es precisamente este conocimiento del gran peligro que nos confronta que debe impulsarnos a los brazos de Jesús quien dice: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen. Yo les doy vida eterna, y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano.”

Su promesa nos asegura que permaneceremos fieles hasta el fin.

Y en esta promesa encontramos la seguridad de que permaneceremos fieles hasta el final y así recibiremos la corona de la vida, porque sabemos que
          Aunque nosotros somos débiles
ä    sin embargo él es fuerte.
          Aunque nuestros enemigos son potentes
ä   Sin embargo, él es todopoderoso, y
          Aunque nuestro adherirnos a él es frecuentemente muy débil
ä   sin embargo su mantener a nosotros nunca será quebrantado, y nadie nos podrá arrebatar de su mano.
          Por tanto, cuando miramos a Jesús
          quien nos amó
          quien derramó su sangre por nosotros
          quien murió la muerte de un criminal para pagar por nuestros pecados y
          quien resucitó triunfalmente en el tercer día
ä   Podemos estar seguros de que nunca pereceremos.

Pero esta seguridad nunca debe basarse en algo que vemos en nosotros. Tiene que descansar entera y completamente en las promesas de Dios y el poder de Dios. Para hallar esta seguridad tenemos que escuchar constantemente las palabras de Jesús, quien dice: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen.”

Cuando escuchamos esa palabra, oímos repetida constantemente la promesa de que él nos fortalecerá y nos preservará firmes en su palabra y la fe hasta el fin de nuestros días. San Pablo escribió a los cristianos de Asia Menor: “Sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para la salvación.” (1 Ped. 1:5). San Pablo escribió a los filipenses: “El que en vosotros comenzó la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús.” (Fil. 1:6). Y a los corintios escribió: “El os confirmará hasta el fin, para que seáis irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo.” (1 Cor. 1:8).

Debemos creer estas promesas de Dios. Sería un pecado no creerlas. El mismo apóstol que dijo: “No sea que... yo mismo venga a ser descalificado” (1 Cor. 9:27), que sabía que estaba en peligro de caerse, sin embargo estaba seguro de que no se perdería, porque también escribió: “Estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ... ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro.” (Rom. 8:38, 39). Nosotros tenemos las mismas promesas de Dios que él tenía, por tanto nosotros también  — aunque conocemos los peligros que confrontamos — podemos cantar: Ando con Jesús en todo el camino, Su guía nunca falla; En sus heridas encuentro paz cuando el poder de Satanás ataca; Y por su camino guiado, mi camino piso con firmeza. A pesar de males que amenacen Ando con Jesús por todo el camino. 

Mientras estos dos pasajes, que forman nuestros texto, parecen contradecirse, ya que uno nos advierte acerca de caernos y el otro nos promete que nunca pereceremos, sin embargo vemos que necesitamos los dos. Cuando comenzamos a confiar en nosotros mismos y pensar que no es tan importante que oigamos regularmente la palabra de Dios y utilicemos con frecuencia el Sacramento y estemos cuidadosos en nuestra vida cristiana, entonces necesitamos esta palabra de advertencia: “El que piensa estar firme, mire que no caiga.” Pero

          Cuando hemos aprendido a desesperarnos de nuestra propia fortaleza
          cuando estamos asustados y reconocemos que necesitamos la ayuda del Salvador,
ä   entonces él viene a nosotros con la garantía: “No temas. Nadie te puede arrebatar de mi mano.”

No puedo pensar de una mejor manera de cerrar este sermón que con las palabras con las cuales San Judas cerró su Epístola, “a aquel que es poderoso para guardaros sin caída y para presentaros irreprensibles delante de su gloria con grande alegría; al único Dios, nuestro Salvador por medio de Jesucristo nuestro Señor, sea la gloria, la majestad, el dominio y la autoridad desde antes de todos los siglos, ahora y por todos los siglos. Amén. (Judas 24, 25).  Amén.


Sermón de Siegbert Becker

miércoles, 15 de abril de 2020

LA IMPORTANCIA DE PREPARARSE PARA SER PIADOSO





Cuando se acerca la temporada de verano, decidimos cuidarnos mejor, hacer ejercicio, comer correctamente y, tal vez, bajar algunos kilos de más, para lograr estar en forma este verano.

Por eso, nos esforzamos por alcanzar la mejor condición física posible. Tratamos de comer más o menos lo correcto, aunque nos encanta el pollo frito y el ceviche. Levantamos pesas y caminar, pero sabemos que nuestros cuerpos no van a seguir mucho tiempo en este mundo. Y nuestras fuerzas están disminuyendo.

Pablo nos dice:
1 TIMOTEO 4: 8
porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera.

EL EJERCICIO CORPORAL PARA POCO ES PROVECHOSO. El ejercicio físico trae algún provecho. También tiene algún valor para el MINISTERIO DE JESUCRISTO. El pastor que es negligente en el cuidado de su cuerpo puede acortar su tiempo de servicio. Sin embargo, el valor del ejercicio físico y de la preparación es limitado.

Lo que es importante es el prepararse para ser piadoso. La PIEDAD no es algo que nosotros hagamos por nuestra propia cuenta, sino que consiste en la fe y en la vida que Dios obra en nosotros: PARA TODO APROVECHA. El TODO es global. Incluye tanto la vida presenta como la vida venidera. ¡Que maravillosas promesas del amor y de la preocupación perdurables de Dios tiene el cristiano para esta vida terrenal!  Sencillamente no hay comparación entre lo que es POCO PROVECHO y lo que PARA TODO APROVECHA. Sin embargo, ¡cuán fácilmente nos distraemos de espiritualidad y de la piedad, para prestarle más atención a lo que es solamente de valor para el cuerpo y para esta vida!

La piedad puede parecer aburrida, atemorizante e inalcanzable, pero su esencia es, simplemente, el amor generoso: ocuparse más de los demás que de uno mismo. Esta clase de amor es difícil que aparezca, pero surge al estar en la presencia del amor personificado. Crecemos en amor y nos volvemos más amorosos cuando nos sentamos a los pies de Jesús, lo escuchamos y charlamos con Él. De este modo nos asemejamos cada vez más a aquel que es amor “El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor” (1. Juan 4: 8).

A mí me parece que la vida es un viaje hacia el amor y que no hay nada más hermoso que una persona piadosa. Sin duda, el ejercicio físico es bueno, pero hay algo muchísimo mejor: AMAR.


RLM

viernes, 10 de abril de 2020

LA ORACIÓN (PARTE 02)















Estos esquemas de estudios son la complementación del estudio de la ORACIÓN CON ESQUEMAS los primeros estudios con esquemas los encontraras en este link que te dejo:




miércoles, 8 de abril de 2020

CUALQUIER OPINIÓN SOBRE EL FUTURO QUE DEJE DE LADO A DIOS ES INSENSATO Y SOBERBIA





Mientras revisaba en mi biblioteca de mi casa algunos documentos y libros, encontré una revista del año 2001, cuyo título “MÁS ALLÁ DEL AÑO 2000: EXPECTATIVAS PARA EL NUEVO MILENIO”. Fue fascinante leer las predicciones de hace dos décadas sobre lo que pasaría en el futuro. Se exponían algunas consideraciones generales, pero nadie anticipaba ninguno de los acontecimientos ni delas innovaciones que han cambiado radicalmente nuestra vida. La declaración que más me impactó fue esta: “LA PRIMERA REGLA DE LA PRONOSTICACIÓN ES QUE LO IMPREVISTO HACE QUE EL FUTURO SEA IMPREVISIBLE”.

SANTIAGO 4: 15
En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello.

Todos los cristianos tienen que vivir con un dilema: por una parte, debemos vivir como si fuéramos a morir mañana o como si el día del juicio viniera mañana. Por otra parte, puesto que el Señor tal vez no venga durante siglos, debemos planear y trabajar con la suposición de que viviéremos todavía por mucho tiempo y que nuestras iglesias y escuelas deben sobrevivir durante siglos. Santiago está presentando aquí sólo un lado de ese dilema. No está condenando las cuentas bancarías ni los comités de planeación a largo plazo. Lo que está condenando es el otro extremo: suponer que vivirán hasta los cien años, que reconciliarse con Dios puede aplazarse indefinidamente. Dios no soporta la jactancia ni la presunción sobre lo que la gente piensa que va a hacer. Él es el único que sabe el futuro, y el único que gobierna el presente.

Santiago nos recuerda que cualquier opinión sobre el futuro que deje de lado a Dios es insensato y soberbia. “¡Vamos ahora! los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y traficaremos, y ganaremos; cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.
En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello” (Santiago 4: 13-15).

Muchas personas solían empezar sus declaraciones sobre los planes diciendo: SI DIOS QUIERE o DIOS MEDIANTE. Quizá la frase se haya vuelto trillada, pero no sucede así con el hecho de reconocer la presencia de la mano soberana del Señor.


Cuando miramos al futuro manteniendo firmemente a Dios en la mira, podemos enfrentar los días venideros confiando en su plan amoroso.

RLM



ORACIÓN DE LA MAÑANA 02





Te doy gracias, oh Señor santo, todopoderoso Padre y eterno Dios, porque en tu gran misericordia te has dignado guardarme en la noche pasada. Y te suplico que en tu divinal clemencia me des gracia para pasar este día en toda humildad, sumisión, castidad, caridad, paciencia, bondad, reverencia y precaución, a fin de que el servicio que te rinda sea del agrado tuyo y del Aquel que ha m venir a juzgar a los vivos y a los muertos. Guárdame de todo mal, de todo tropiezo y ofensa, de todo pecado intencional y de todas las mañas y acechanzas del enemigo malo. Todo esto te lo pido por medio de Jesucristo, tu Hijo unigénito, al cual contigo y con el Espíritu Santo sea alabanza y gloria por los siglos de los siglos. Amén

lunes, 30 de marzo de 2020

LA ORACIÓN (PARTE 01)












Dicho material es un avance del estudio de la Oración, queda pendiente en estos días terminar dicho estudio. ......................


Aquí tienes el LINK para continuar para completar el estudio completo de la Oración, a través de preguntas:


http://wwwrabmag70.blogspot.com/2020/04/la-oracion-parte-02.html

sábado, 28 de marzo de 2020

ORACIÓN DE LA MAÑANA






Te doy gracias, Padre celestial, por medio de Jesucristo, tu amado Hijo, porque me has protegido durante la noche de todo mal y peligro, y te ruego también que me preserves y me guardes de pecado y de todo mal en este día, para que en todos mis pensamientos, palabras y obras te pueda servir y agradar. En tus manos encomiendo el cuerpo, el alma y todo lo que es mío. Tu santo ángel me acompañe para que el maligno no tenga ningún poder sobre mí. Amen.

LA BÚSQUEDA DE LA SABIDURÍA






Cuenta mi padre, para poder formalizar su noviazgo con mi madre, se lo tomó realmente serio. La escribía cartas, hacía preguntas profundas, compraba flores, dulces, libros, otros regalos y le invitaba a cenar los fines de semana a la salida del trabajo. Dedicaba mucho tiempo y esfuerzo en conquistarla.

Hace mucho tiempo, en el siglo X a C, Salomón ya había recomendado practicar esta clase de ardua dedicación al procurar otra cosa: Sabiduría. Una definición que el diccionario da sobre esta palabra “en entender lo que es verdadero, correcto y duradero”, Lo cual suena crucial si deseamos tener una vida que glorifique a nuestro santo Dios.

Quizá por esta razón, Salomón usó en Proverbios 2 tantos verbos que requieren acción, para describir los esfuerzos que debemos hacer a fin de obtener sabiduría. Dijo:

PROVERBIOS 2: 4
Si como a la plata las buscas, Y como a tesoros,

Con los oídos (o con los ojos, si los leemos) incorporamos estas palabras que luego guardamos en el corazón. Fijémonos cómo la adquisición de la Sabiduría de Dios parece crecer en intensidad primero es asunto de acertarla y guardarla, después se convierte en un clamor y en una búsqueda como la de un tesoro escondido. Job también habló de la sabiduría divina como de un tesoro raro y escondido: “El oro no se le igualará, ni el diamante, ni se cambiará por alhajas de oro fino” (Job 28: 17).
Si buscamos la Sabiduría divina se derramarán sobre nosotros muchas bendiciones, tanto terrenales como espirituales. Esto se asemeja a la observación de Jesús: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas las demás cosas os serán añadidas” (Mateo 6: 33).

Queda de hecho de que muchas personas sencillamente NO BUSCAN ESTA SABIDURÍA. Algunos porque no la consideran importante. Otros porque no están interesados en Dios ni en sus cosas. Algunos por preocuparse nada más que por los deleites de esta vida corta, por creer que la sabiduría es solamente para los de educación superior. Y otros por pensar que ya saben lo suficiente. Cualquiera que sea la razón resulta un trágico descuido. En nuestra época materialista y superficial, deberíamos mirar por encima del oropel atrayente de las posesiones y de los placeres temporales de la vida hacia los tesoros eternos de la Palabra de Dios.

Buscar la Sabiduría exige esfuerzo, y las Escrituras nos dicen dónde podemos encontrarla: “Porque el Señor de la Sabiduría, y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia”. Dios no está almacenando Sabiduría para sí mismo, sino que “Él provee de sana Sabiduría a los rectos” PROVERBIOS 2: 6-7.

Busca al Señor de todo corazón. Él es la fuente de toda Sabiduría para tu vida.

viernes, 27 de marzo de 2020

AMAD A VUESTROS ENEMIGOS: NO LO TOMES A RISA







Conducir un camión inmenso por las heladas carreteras del norte de Alaska quizá parezca ser una tarea que requiere un buen sentido del humor. Sin embargo, cuando un chofer oyó a través del sistema de intercomunicación que otro conductor llamado Alejandro se reía con frecuencia y bastante ruidosamente, empezó a irritarse. Entonces, hizo algunos comentarios despectivos sobre su colega y su risa campechana.

Poco después, el crítico conductor perdió el control de su gran camión y terminó en una zanja; hundido hasta los ejes en la nieve. Adivina quién pasó por la desolada ruta y vio el aprieto en que estaba el otro camionero. Exactamente…. Alejandro.

Ahora bien, ¿Qué harías tú? ¿Reírte interiormente del problema del otro hombre y pasar de largo? Eso NO fue lo que hizo Alejandro, sino que se detuvo y pasó varias horas ayudando a salir de allí a quien lo había criticado. Cuando terminó, simplemente dijo. “Cada vez que tengo oportunidad de reparar el daño que he causado, es un placer hacerlo”. Y después, desde luego, se rio.

LUCAS 6: 35
Vosotros, en cambio, amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada a cambio; y será grande vuestra recompensa, y seréis hijos del Altísimo; porque él es bondadoso para los ingratos y malvados.

¿Está Jesús hablando en serio? ¿Es que una persona puede vivir de esta forma en el mundo actual? ¿Acaso no es un idealismo imposible de llevar a cabo? Es claro que Jesús está muy al tanto del mundo real. Sabe la forma en que la geste reacciona por lo general en las situaciones descritas. De una manera que nos choca, Jesús dice que sus discípulos necesitan actuar en forma diferente a como el mundo actúa. Una persona amable no responderá automáticamente en la forma usual. El mandato específico de Jesús no es tanto una regla de conducta para seguirla mecánicamente, sino que más bien sirve como estímulo para que la imaginación extraiga implicaciones para la vida en general. Como discípulos de Jesús necesitamos actuar con amor en nuestro trato con la gente, aun con nuestros enemigos.

¡Qué lección para todos nosotros! ¿No es esto lo que Cristo nos ordenó que hiciéramos en Lucas 6: ayudar incluso a aquellos que parecen ser nuestros enemigos? La próxima vez que alguien diga algo de ti que no te guste, piensa en Alejandro… pero no lo tomes simplemente a risa. Haz algo a favor de esta persona y, al hacerlo, tal vez tengas un nuevo amigo



RLM

LA EXISTENCIA DE LOS ÁNGELES





miércoles, 25 de marzo de 2020

PREPAREMOS TODO EL TIEMPO DE VIDA PARA EL ENCUENTRO CON CRISTO






Toda mi vida he tenido que “estar preparado”. De niño, tenía que llevarme las manos para prepararme para comer. De adulto, el estar preparada para responsabilidades importantes sigue siendo una constante realidad. Pero he llegado a la conclusión de que nada es más transcendental QUE ESTAR PREPARADO PARA NUESTRO ENCUENTRO CON CRISTO.

Hablando de la venida del Señor, Juan nos dice:

                                                                1 Juan 3:3                                            
Y todo aquel que tiene esta esperanza puesta en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro.

Juan odia el concepto de “GRACIA BARATA” (la idea de que podemos acudir a Dios para que nos perdone, deleitamos por ello, y luego vivir de cualquier forma que se nos antoje). La gracia de Dios es gratis, pero es sumamente cara. Requirió que Cristo ofrendara su vida, y nos exige la muestra cuando la recibimos. Después de consolarnos de inmediato con el mensaje de que somos hijos de Dios, Juan nos desafía a actuar como tales. Hay una perfecta conexión entre nuestra justificación (el veredicto de Dios de “INOCENTE”) y nuestra santificación (la forma en que vivimos nuestras vidas para Dios). La primera no nos costó nada. La segunda nos costó todo. En cuanto a la justificación, decimos: “NO PODEMOS”. En cuanto a la santificación, decimo: “SI, SI PODEMOS”.

Mientras consideramos la posibilidad de que el Señor Jesús vuelva este año, asegurémonos de estar preparados. Esforcémonos para ser puros como Él lo es y esperemos con ansias el día cuando las lágrimas, el dolor, el sufrimiento y la muerte sean reemplazados por el gozo eterno de su presencia.


RLM

martes, 24 de marzo de 2020

EL SUFRIMIENTO HUMANO




Si, la mente humana es un abismo insondable de donde proviene el torrente tumultuoso de un sufrimiento multiforme: resentimientos del corazón, resistencias de la mente, rebeldías de la vida, guerra interiores, conflictos íntimos, memorias dolorosas, recuerdos amargos, aspectos negativos de personalidad no asumidos, heridas de la vida no cicatrizadas., clamores interiores, angustias… No son saetas que nos disparan desde fuera. NOS VIENEN MUY DESDE DENTRO. 






CUANDO NECESITES AYUDA






Durante la Segunda Guerra Mundial, las islas británicas representaban la última línea de resistencia contra el avance de la opresión nazi en Europa. No obstante, bajo un incesante ataque y en peligro de caer, Gran Bretaña carecía de los recursos para triunfar en el conflicto. Por esa razón, el Primer Ministro británico Winston Churchill habló por la emisora de radio BBC y apeló al mundo, diciendo: “dennos las herramientas y concluiremos la tarea”. Sabía que, sin la ayuda del exterior, no podrían soportar el ataque que estaba enfrentando.

La vida es así. Con frecuencia, no estamos preparados para enfrentar las dificultades que la vida nos presenta y necesitamos una ayuda que está fuera de nosotros.

Hebreos 4:16
“Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”

En el momento preciso, justo cuando lo necesitamos, cuando vienen las tentaciones, encontramos lo necesario en aquel que sabe bien cómo darlo. Recibiremos “misericordia”, el amor de Dios que observa y les ofrece ayuda a los creyentes abrumados por su debilidad. También estará allí “gracia”, el amo de Dios absolutamente inmerecido, que perdona al culpable. A ese trono de gracia venimos confiadamente confesando el pecado y recibiendo el perdón, llevando la aflicción y siendo consolados, entregando la debilidad y siendo fortalecidos, haciendo preguntas y recibiendo respuestas, pero sólo por causa del "gran sumo sacerdote” que ha hecho completa expiación de nuestros pecados.

En tales ocasiones, nuestro mayor recurso es la oración, porque nos coloca en la misma presencia del Señor. Allí, en su gracia y misericordia, encontraremos la ayuda necesaria.


RLM

viernes, 20 de marzo de 2020

lunes, 16 de marzo de 2020

LA RESILIENCIA DEL DOCENTE Y EL ALUMNO








LA RESILIENCIA DEL DOCENTE Y EL ALUMNO



Por: Lic. Reynaldo Lizana Mendoza


Entregamos a vuestra disposición, estimados colegas profesores, un sencillo trabajo monográfico sobre la RESILIENCIA. En él procuramos volver a revalidar dicha capacidad que tenemos todo ser humano de superar las dificultades que afrontamos y más aun como profesores tenemos la oportunidad de hacer resilientes a nuestros alumnos.

Si bien es cierto que en los actuales momentos el alumno afronta una serie de dificultades, es indudable que requiere de nosotros para que logremos la resiliencia que tanto necesitan para lograr ser personas de bien en un mundo globalizado.
Por todo ello, les pedimos empleen este texto como una herramienta que los anima a ser resilientes, procurando al máximo llegar a serlo.

Agradecemos de antemano a la Institución Ann Sullivan por poner a disposición su biblioteca y a la Biblioteca Nacional de Lima por todas las facilidades prestadas.

"Yo no pienso en toda la miseria, sino en toda la belleza que aún persiste.
Esta es una de las cosas que nos hace tan distintas a mi mamá y a mí. Su consejo, cuando una está melancólica, es: "Piensa en toda la miseria que hay en el mundo que a ti no te toca". Mi consejo es: "Sal para afuera, sal al campo, goza de la naturaleza y del sol. Trata de recapturar la felicidad en ti misma y en Dios. Piensa en toda la belleza que todavía queda alrededor tuyo. Sé feliz."
Ana Frank nos dejó un hermoso ejemplo de capacidad de resiliencia. Antes de morir, en el genocidio nazi a fines de la Segunda Guerra Mundial, escribió en su diario de vida. (7 de Marzo de 1944)


Dale un Link para descargar el libro

https://drive.google.com/file/d/1pNjFRRvynrXhJ9cLR6Um0gm8lv28e-rn/view?usp=sharing